miércoles, septiembre 20, 2006

de Quevedo

Y es que yo quiero ser Quevedo!!! es el summum de la petulancia y el pedanteo!!! nadie ha superado a Quevedo insultando!! que grande!! y vale que ahora mismo no se me ocurre a nadie a quien insultar, pero si en algún momento me apeteciese yo quiero hacerlo así:

¿Qué captas, noturnal, en tus canciones,
Góngora bobo, con crepusculallas,
si cuando anhelas más garcivolallas,
las reptilizas más y subterpones?

Microcósmote Dios de inquiridiones,
y quieres te investiguen por medallas
como priscos, estigmas o antiguallas,
por desitinerar vates tirones.

Tu forasteridad es tan eximia,
que te ha de detractar el que te rumia,
pues ructas viscerable cacoquimia,

farmacofolorando como numia,
si estomacabundancia das tan nimia,
metamorfoseando el arcadumia.

A lo que sólo te pueden responder: ¿ein?... y po supuesto, la insuperable:

Érase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
érase una nariz sayón y escriba,
érase un peje espada muy barbado.
Era un reloj de sol mal encarado,
érase una alquitara pensativa,
érase un elefante boca arriba,
era Ovidio Nasón más narizado.
Érase un espolón de una galera,
érase una pirámide de Egipto,
las doce Tribus de narices era.
Érase un naricísimo infinito,
muchísimo nariz,
nariz tan fieraque en la cara de Anás fuera delito.

Si, si, esto puede parecer muy friki, lo sé pero me parto! de verdad, lo de las 12 tribus de narices... es lo más!.. sólo de imaginarme a Quevedo con media sonrisa diabólica escribiendo eso... jejejeje, que grande! que gran forma de insultar sin insultarte a ti mismo!!

5 comentarios:

david dijo...

¿Sin insultarse a sí mismo? Coger a alguien con un complejo, como el que probablemente tuviese Góngora con su nariz, y hacer eso con él a mí sí que me parece insultarse a sí mismo.

No es lo mismo insultar que maldecir, lo sé, y puestos al caso yo prefiero la maldición al insulto, pero si las comparásemos, si las hiciésemos comparables para que yo pueda contestar con una poesía, entonces yo preferiría a Oliverio Girondo, que también tuvo que destilar su mala leche de gran octanaje, cuando escribió esto,

Que los ruidos te perforen los dientes,
como una lima de dentista,
y la memoria se te llene de herrumbre,
de olores descompuestos y de palabras rotas.
Que te crezca, en cada uno de los poros,
una pata de araña;
que sólo puedas alimentarte de barajas usadas
y que el sueño te reduzca, como una aplanadora,
al espesor de tu retrato.
Que al salir a la calle,
hasta los faroles te corran a patadas;
que un fanatismo irresistible te obligue a prosternarte
ante los tachos de basura
y que todos los habitantes de la ciudad
te confundan con un madero.
Que cuando quieras decir: "Mi amor",
digas: "Pescado frito";
que tus manos intenten estrangularte a cada rato,
y que en vez de tirar el cigarrillo,
seas tú el que te arrojes en las salivaderas.
Que tu mujer te engañe hasta con los buzones;
que al acostarse junto a ti,
se metamorfosee en sanguijuela,
y que después de parir un cuervo,
alumbre una llave inglesa.
Que tu familia se divierta en deformarte el esqueleto,
para que los espejos, al mirarte,
se suiciden de repugnancia;
que tu único entretenimiento consista en instalarte
en la sala de espera de los dentistas,
disfrazado de cocodrilo,
y que te enamores, tan locamente,
de una caja de hierro,
que no puedas dejar, ni por un solo instante,
de lamerle la cerradura.

*V* dijo...

Me quedo con Quevedo, sin duda, y sin despreciar a Girondo.
De todas formas el ataque de Quevedo está asociado a los ataques de Góngora (bueno, ataques, defensas, ataques... por ambas partes!!).. es la guerra intelectual en estado puro!!
Cuestión de elegir a quien prefieres y yo , por preferir, prefiero a Quevedo.

david dijo...

Entre él y Góngora, sin duda.

Entre él y Girondo yo tengo que quedarme con Girondo, aunque sólo sea por afinidad, no veo a Quevedo escribiendo esto,

No soy quien escucha
ese trote llovido que atraviesa mis venas.

No soy quien se pasa la lengua entre los labios,
al sentir que la boca se me llena de arena.

No soy quien espera,
enredado en mis nervios,
que las horas me acerquen el alivio del sueño,
ni el que está con mis manos, de yeso enloquecido,
mirando, entre mis huesos, las áridas paredes.

No soy yo quien escribe estas palabras huérfanas.

Inés dijo...

Bueno pues yo voy a romper una lanza a fevor de Góngora, que aunque no siempre he entendido sus sonetos, me parece alucinante su forma de escribir (e insultar) ,tan rebuscada y elegante, con todos mis respetos para los citados por vosotros:

A FRANCISCO DE QUEVEDO (atribuido)

Anacreonte español, no hay quien os tope,
Que no diga con mucha cortesía,
Que ya que vuestros pies son de elegía,
Que vuestras suavidades son de arrope.

¿No imitaréis al terenciano Lope,
Que al de Belerofonte cada día
Sobre zuecos de cómica poesía
Se calza espuelas, y le da un galope?

Con cuidado especial vuestros antojos
Dicen que quieren traducir al griego,
No habiéndolo mirado vuestros ojos.

Prestádselos un rato a mi ojo ciego,
Porque a luz saque ciertos versos flojos,
Y entenderéis cualquier gregüesco luego.

Besitos

*V* dijo...

si, también es verdad, Góngora era más elegante, si señor...
pero es que el acido de Quevedo... es genial :)