jueves, enero 27, 2011

De susceptibilidades varias

La susceptibilidad. No lo puedo remediar, a mi esa palabra me trae a la cabeza la imagen de una señora alta, delgada y con cara de acelga. De hecho, concretamente la imagino vestida íntegramente de negro y con un sombrero plato con plumas. Me pasan cosas con las palabras, ni puedo ni quiero remediarlo.
Hablaba, pues, de la señora Susceptibilidad que tiene cómo hobbie existencial presentarnos, a unos y otros, a la señora Angustia Vital (más bajita, redondita, nerviosa en exceso y dubitativa, en constante dependencia de otros seres que la llevan de aquí para allá sin ton ni son).
Antes de empezar con la verborrea sin sentido habitual, aclaro. Que no es que yo sea extremadamente susceptible, que lo soy, a veces. Para que yo esté susceptible influyen cosas: el estrés provocado por el interminable celo felino, la insoportable presencia de la lluvia, la ausencia de café (necesito una determinada dosis, soy algo así cómo diabética pero con café), el gran problema que supone la larga espera que precede al descubrimiento de mi genialidad... esas cosillas.
También es verdad que tampoco soy excesivamente susceptible sobre todo en esos días en los que cuando quieres darte cuenta ha pasado una semana en la que el máximo esfuerzo que has hecho ha sido descargar series (esfuerzo inmenso, si tenemos en cuenta lo cruel y delictivo que es eso ahora mismo).
Cómo sea, porque realmente lo que me genera algo parecido a la angustia es el no tener ni idea del por qué de repente alguien derrocha toda la susceptibilidad del mundo conmigo. Vale, yo soy consciente de que soy de trato difícil. Bueno, más que difícil digamos extraño. No, no, no, paso de esos calificativos, es mi blog y soy lo que me da la gana así que definitivamente soy de trato intenso (qué, además, es un adjetivo de esos que se han puesto de moda). Vale, digamos que soy de un tipo de simpatía que está poco de moda.
Da igual. Aceptó a la señora Susceptibilidad en casi todas sus formas aunque la que me cuesta asumir es esa en la que dices "buenos días" y, de pronto, no sabes muy bien cómo, algo ha ocurrido y alguien está ofendido. ¿El tono? ¿los gestos? ¿las dos palabras tan cargadas de múltiples interpretaciones? . Es inevitable comenzar a sentir un agonizante sentimiento de culpa (cristiana) que te lleva a plantearte tus retorcidos y complejos actos. ¿Debería haber dicho mejor "agradables días" en lugar de "buenos"? ¿ha sido quizás el tono de dejadez matutina lo que ha ofendido? ¿no habrá sido la ceja, de nuevo, que se ha levantado solita sin querer?.
Terminas (termino, más bien, aunque hablar en plural me hace sentir menos psicópata) cuestionándote absolutamente todo y martirizándote sobre mejores formas de comportamiento. Bueno, quizás no tan exagerado pero la realidad sin adornar no tiene sentido.
El problema es que, metidos en faena, cómo nos pongamos susceptibles con alguien ya no hay vuelta atrás. Cada gesto, cada acto, cada situación va a tener una lectura melodramática negativa unilateral. Caemos en un bucle infinito del que salir está jodío, por aquello que tienen los bucles infinitos según yo.
Yo, que además soy del tipo que prefiere las palabras a los trucos, llevo francamente mal eso de tener que adivinar mentes, no es lo mío. Tanto por activa como por pasiva, es decir, cuando yo me pongo susceptible como a la inversa, a saber.
Por lo que (expresión que me gusta casi tanto tanto tanto cómo la palabra "infinitamente") he decidido hacer caso a una tal Rosa que vivía en Luxemburgo y seguir esa frase de "la mayor revolución es llamar a las cosas por su nombre", cómo si no llevase años haciéndolo. Y por si eso no es 100% efectivo, me he estado culturizando vía wiki y he absorbido las partes más ególatras de todas las filosofías existentes para llegar a la conclusión de que si el parámetro más repetido en todas es que lo mejor es ignorar a los demás y centrarse en uno mismo, hacer caso omiso de eso sería una imprudencia.
Y es que sería tan bonito el día que la señora Susceptibilidad muriera, dignamente, pero que muriera igualmente. No va a poder ser, ahora estoy susceptible con el blog que parece que todo lo que se escribe tiene algo que ver con algo.

4 comentarios:

Aroa dijo...

yo voto por la muerte de la rechoncha Angustias Vital

*V* dijo...

Cierto, muerte a Angustías también, pero después de la Culpa ;D

Clara dijo...

Tu pasa, que ya sé que es muy difícil, pero que te voy a contar yo!!! No te preocupes, tarde o temprano volverás al zen, ya verás, solo tienes que concentrarte, ohmmmmm

*V* dijo...

Huy, juraría que te había contestado...

Decía, que esa es una de las cosas que tengo apuntadas para aprender de tí ;D

Y yo intento estar zen, de verdad, pero lo ponen muy difícil! xD