miércoles, febrero 02, 2011

La parte contratante de la primera parte



Para ser político y para ser jefe, hay que valer y yo no podría. En serio, y no por cuestiones profundas entorno a la ética o la conciencia o cualquiera de esas cosas que algunos consideramos importantes. No, es todo mucho más banal. No podría porque me da la risa.

De verdad, me da la risa literal.

El motivo parece absurdo, vale, pero la explicación es bastante más racional, lo juro, a veces mis actos siguen algún tipo de lógica, la propia al menos, susceptible de crítica, por supuesto (no sé que más tengo que hacer para fomentar la campaña en favor de la Crítica: crítica bueeena, crítica saaana... me evado, perdón).

Eso, que me da la risa porque el poder requiere parafernalia, escena, recreación y actuación ya que pocas veces el Poder en sí mismo tiene valor, para eso tendríamos que empezar a divagar sobre conceptos cosa que ahora no es plan. Y a mí me da la risa con esas cosas, será porque el teatro siempre me ha gustado y hace que mis endorfinas correteen alegremente.

Toda afirmación, para mi gusto, requiere ejemplos. Así que, por ejemplo, si yo tuviera que llamar a alguien a mi despacho, me descojonaría, en serio, el porno ha hecho mucho daño y ciertas situaciones ya no serán las mismas. Es más, probablemente no podría evitar hacer el pavo y soltar un par de guiños si tuviera que decir "Ramirez, a mi despacho".

Luego está la situación de dentro del despacho. Se entiende que a Ramirez le has llamado al despacho no haciéndole guiños (para evitar denuncias de acoso y tal) sino con aire contrito (palabro) y voz grave. Te sientas frente a Ramirez y mirándole a los ojos, seriamente, tienes que hablar con él sobre cualquier cosa que la empresa considere trascendental pero que probablemente a ti te importará un huevo aunque tengas que fingir que te interesa. Y en esa situación ¿cómo no pensar en el juego aquel de "los ojos de lobo"? Quien ría pierde, pues eso.

Empiezas a hablar con Ramirez sobre lo importante que es que se aplique la norma siempre y cuando el jefazo de consentimiento de que se aplique la norma sin obviar haber aplicado previamente la norma. Ramirez dirá que está confuso y tú tendrás que repetir nuevamente el papel de los Hermanos Marx pero pareciendo que en lugar de Groucho eres Kennedy: conciliador a la par que autoritario.

Por supuesto la información jamás tendrá sentido pero es que eso forma parte de tu trabajo como político/ jefe. Hacer creíble lo ridículo y que suene importante. Y eso sin sonreír. Sin reír y sin parafrasear a Groucho. Imposible, de verdad, no hay dinero en el mundo que me capacite para eso, ni formación, nada, yo me reiría.

Claro luego llega el final, en el que Ramirez sale del despacho con cara de confusión (sobre todo porque no entiende nada de lo que le han dicho "la norma por la norma pero contra la norma...¿ein?"), el resto de compañeros le miran consternados porque es evidente que la cara de Ramirez no es de buenas noticias... ni de malas, claro, pero cómo jefe necesitas mantener cierta tensión empresarial, que se note quien manda, por eso previamente te has asegurado de decirle a Ramirez que por favor no comente nada entre los compañeros, que confías en él aunque sepas que es complicado contar algo cuando la información es nada.

Y cuando sale Ramirez ¿cómo evitar la tentación de pasarte el dedo por las comisuras de los labios a modo de gesto erótico festivo para echarte unas risas? claro que he de reconocer que en caso de ser Ramirez también dan ganas de hacer el mismo gesto cuando sales del despacho del jefe y todo el mundo anda mirando. Esas cosas, claro, hay que ahorrárselas que el sentido del humor anda como la economía, jodido.

Pues eso, que para ser jefe o político (que para el caso es lo mismo) hay que valer, ya lo dice mi padre, y el valor que tienes que tener es, entre otras cosas, la capacidad de no reírte cuando estás defendiendo que no estás diciendo nada y que estás creando importancia en aquello que la razón lo llama trivial.

¿Y qué imaginaban de pequeños los jefes?

2 comentarios:

Cienideas dijo...

Y mentir mucho también... ¿Sabias que la personas que llegan a jefe o adquieren poder, según un estudio, mienten cuatro veces más?


Prefiero ser pobre y pero sincero... xD

*V* dijo...

Es verdad, la mentira! estoy empezando a plantearme seriamente cambiar mi curriculum e intentar poner aquello que realmente le interesa a una empresa... al menos estaría en el buen camino hacia el éxito, estaría empezando a mentir! ;D