martes, marzo 29, 2011

Nomen


Hay que plantearse seriamente lo de los nombres, en serio. No se puede poner un nombre a una futura persona sin pensar que es lo que los demás, en el futuro, va a ser lo primero que sepan de ella. Es nuestra marca registrada, la fuente de los primeros traumas infantiles. Si ya de por sí los nombres normales son motivo de rimas infantiles y pareados sin sentido, si tienes un nombre de fácil cachondeo para qué queremos más, es todo lo que puedes llegar a necesitar para tener la excusa perfecta para costearte un psicoanalista.

Y es que algunos nombres hace que te plantees que puede que no todos los hijos sean deseados y una buena forma de demostrarlo es esa, la putada a través del nombre. También es verdad que para gustos, colores. Y el que es hortera lo es hasta para nombrar. Yo lo he demostrado, he tenido un perro que se llamaba Otelo, aunque en mi defensa puedo decir que el nombre fue votado así que quizás mi horterismo sea genético.

Pero una cosa es putear a tu perro y otra muy diferente es hacerlo con tu propio hijo.

Ejemplos (que me pierden):

"Cheresade". Vamos a ver, puede que en un momento de tu vida te hayas sentido poseido por Rimsky Korsakov y pasases las horas muertas recreándote con él. Puede, también, que alguien te haya hablado de "Las mil y una noches" pero es un hecho que lo conoces de oídas porque sino no se te pasaría por la cabeza usar la "ch" en ese nombre. Ni la "s". Y en este caso no documentarse es un drama porque claro, de tener un nombre literario medianamente bohemio se termina pasando a tener un nombre...raro... vamos que la gente te termina llamando "la chere" que es como "la tere" pero más chic. Eso ni digamos la de veces que te toca deletrearlo aguantando las miradas confusas del que te haya preguntado y sabiendo que sabe que o bien tú madre o bien la del registro que no tenían ni puñetera idea de cómo escribir Sherezade. Y aunque estuviera bien escrito... igualmente pasarías a ser " la chere" así que no, los nombres intelectuales en este país son una mala idea.

"Bienvenido". No tengo nada en contra de este nombre, es normal... salvo que me recuerda a un felpudo. En serio, no te puedes llamar bienvenido sin que en la cabeza del de enfrente aparezca la imagen de una casita dibujada en un cordial felpudo, eso sin entrar en las rebuscadas implicaciones de lo que supone también la palabra felpudo. Vamos, que está feo que tu nombre recuerde a un felpudo porque las bromas siempre van encadenadas y al final terminan diciéndote que eso, que tienes nombre de...

"María de la O"... "que desgraciaita gitana tu eres teniéndolo " ... que está bien que a tus padres les guste la copla o las vírgenes, pero tener que soportar toda tu vida esa estrofa es cruel. Si la intención es conseguir que tú descendencia se mantenga alejada de Marifé de Triana y demás compañeras mártires, estupendo, pero ¿qué necesidad?

"Sandalia" y esto es verídico. Y puedo dar porque hace escasamente ¿un año? mi abuela, angelito de 96 años, decidió compartir con nosotros que ella se llamaba así, Sandalia, lo que pasa es que decidió cambiarlo por el preciosísimo nombre de... Vicenta. El horterismo es genético, sin duda. Te cambias el nombre y eliges otro nombre feo, qué bien. Pues eso, Sandalia, lo que demuestra que cuando antes tenían niños llegaba un momento que la creatividad se agotaba y le ponían el nombre de lo primero que veían, en este caso, sandalia. En su favor hay que decir que la madre de mi abuela era una visionaria por aquello de usar los nombres con tintes internacionales, tus padres te llaman sandalia y la gente te termina llamando "sandy" (con Y que es la letra que convierte las cosas en algo cool... vamos que no es lo mismo "Nely" que "Neli").

El truco, me da a mí, está en saber que el nombre de origen tiene que ser lo suficientemente neutro para que no se distorsione demasiado con el nombre real que no deja de ser el que te pone la gente con los años. Los pareados infantiles son imposibles de evitar, por suerte yo sólo sufrí con la palabra "armónica", y ya es más que de sobra.


3 comentarios:

Yayo Salva dijo...

Lo de los patronímicos va en modas. Antes se usaba el nombre del santo del día(quizás sea el caso de tu abuela Sandalia), con algún otro más digerible. Los culebrones de la tele son una fuente inagotable de inspiración paternal. Recuerdo que cuando se estrenó aquella película "Oliver" allá por 1970, con niño rubito guapísimo, el porcentaje de neonatos Oliver fue espectacular.

BRU dijo...

Buenisimo articulo, me encanto.. y yo que estoy en la dulce espera y buscando nombre..mi hizo reir. Saludos

*V* dijo...

Totalmente de acuerdo contigo Yayo, los nombres son una fuente de información riquísima... a veces son los santos los que inspiran, otras los culebrones y otras muestran la natural mezcla cultural.
Siempre es un placer que pasees desde tu higuera por aquí, un abrazo!

Bienvenida Bru! espero que no tuvieras pensado ninguno de esos nombres o que por lo menos no te hay hecho cambiar de opinión ;D
Paciencia con la dulce espera! :)