martes, diciembre 30, 2014

Historias para no dormir


Ahora que estamos aquí, hablando bajito, contemos historias.


Pongamos que tu marido no quiere que trabajes porque su sueño es ser padre, numerosísimamente, pero que seas tú la que cuide de su prole. Aunque tu tengas un título (práctico, difícil, importante) y él un contrato por obra de pintamonas en donde cobra menos que tú, pero eres la mujer y, por tanto, tienes instinto maternal (el gran engaño del siglo) y realmente violencia es separar a la madre de sus hijos. Así te lo dice, medio enfadado, medio tierno y bueno, quizás empiezas a pensar que sí, que mejor, porque no te sale a cuenta trabajar, por gastos, por tiempo y por cansancio. Pues sí, ser madre, porque no. A tiempo completo, y esposa abnegada y fiel porque al fin y al cabo la fidelidad la da el amor (invento número dos) y ya que estás en casa lo de la abnegación es normal, es tu tarea porque él trabaja y llega cansado. Es una opción, aunque tu trabajo te gusta, era una vocación pero en el fondo estás cansada así que vale, aceptamos barco porque, además, sabes que no es un diálogo, es una exigencia, él quiere que tú no trabajes porque el hombre trabaja y la mujer se encarga del hogar (limpia, satisface y pare).

Imaginemos que eres ama de casa, y tu tarea es esa, la casa, los niños, administrarte. Y él, sufrido padre, amante y buen esposo, que es el que trabaja fuera, no puede ni debe preocuparse por minucias porque tenéis un acuerdo. Ya no recuerdas los términos pero es un acuerdo así que cuando te proponen un plan para salir no puedes decir que sí a lo loco porque, aunque él se toma sus cervezas con sus amigos, no es lo mismo, porque la economía es tu responsabilidad y él está estresado, que estar en casa no es lo mismo que trabajar en una empresa y menos como están ahora las cosas. Además si sales así, a lo loco, sin él ¿le vas a cargar con las tareas de la casa? No, eso sería egoísta, y la casa no da tanto trabajo. Así que si se puede, si él quiere, si no está muy cansado y está de buenas, si hay dinero. Viajes no, no está la cosa como para derrochar y aunque te digan que te lo dejan pues no, porque a él no le va a hacer gracia y mucho menos yendo solas con esas amiguitas tuyas que también ahí tiene razón, ya no somos jóvenes como para andar viajando y haciendo el tonto. Además cargar con la casa y los niños a tu marido todo el fin de semana es egoísta, demasiado, así que no. Alguna excusa que otra siempre hay aunque la gente se adapta, cambia los planes, se amolda y al final siempre consigues ver a tus amigos, poco, pero algo.

Tus amigos lo saben, lo comentan, las excusas ya no cuelan y además las conversaciones que han tenido con él dejan poco a la imaginación pero todas las críticas a ese machismo que ellos ven terminan con esa frase: “si ella es feliz…”

Pero no lo saben, al fin y al cabo ¿quién es feliz? Ser feliz es casi cosa de niños porque entre unas cosas y otras solo sabes que estás cansada, no eres infeliz, sólo estás cansada. Y eso es lo normal, es la edad, las responsabilidades, la vida.

Detrás de ese “si ella es feliz…” se esconde el consentimiento del machismo. Se cede, se cambian planes, la gente se amolda. Si en lugar de salir a cenar hay que cambiarlo por tomar un café rapidito, se hace. Si en lugar de viajar  un fin de semana se cambia por un rato en la piscina en verano, se hace. Se aceptan las excusas, las justificaciones y se hacen malabares solo por mantener el recuerdo de algo que fue y todo queda justificado, aunque el mal sabor sigue ahí, la sensación de que algo no está bien, aunque no haya nada de lo que te han contado que está abiertamente mal, pero tampoco está bien. Pero ¿qué vas a decir? No hay delito, no hay mal, y “si ella es feliz…”

Y él, llega a casa, se sienta en el sofá, escucha lo que le cuentan sus hijos mientras su mujer le prepara la cena (quien sabe si luego…) y sonríe pensando en lo que le contaba Paquito antes en el bar, y sí, puede que se vayan un fin de semana a León porque no, hace mucho que no va con sus amigos y los amigos hay que cuidarlos, además le viene bien desconectar que a veces los niños le ponen enfermo, y cuando ella le viene contando esas tonterías que se le ocurren de vez en cuando… paciencia, eso es lo que tiene, como si él intentara escaquearse en su trabajo, y ella venga, una y otra vez, con las tonterías de ir y venir. En el fondo todavía es una niña y lo que nadie ve es lo que él se esfuerza por enseñarla. Son sus sueños los que él se esfuerza por cumplir, aunque ella no lo sepa. En el fondo ser esposo es ser padre.

Esto, me lo imagino bajito, para ponerme contenta si no es verdad.

4 comentarios:

Aroa dijo...

...

viva tú

*V* dijo...


No sé... pequeños gestos, pocos logros me parece :/

Clara dijo...

He encontrado este artículo llamado "MICROMACHISMOS:
LA VIOLENCIA INVISIBLE EN LA PAREJA"
Me parece muy interesante porque habla de cómo la sociedad disculpa y acepta como normales ciertas actitudes que no deberían permitirse. http://www.joaquimmontaner.net/Saco/dipity_mens/micromachismos_0.pdf

*V* dijo...

¡Gracias!

Yo creo que eso, en el fondo, es lo que ha largo plazo hace perdurar el machismo. En materia de relaciones las mujeres nunca seremos vistas(poniéndome super pesimista xD) igual que a ellos...

Y qué bueno el artículo: "el varón usa la fuerza (moral, psíquica, económica o de la propia personalidad),
para intentar doblegar a la mujer, limitar su libertad y expoliar el pensamiento, el tiempo o el
espacio, y restringir su capacidad de decisión."
:)