domingo, abril 01, 2007

Jugando a las casitas


Definitivamente adoro jugar a las casitas. Cada periodo vacacional en el que mis bondadosos caseros deciden alejarse de Madrid y dejarme abandonada a mi suerte, al mismo tiempo que me propocionan una semana de dulce soledad, yo me las paso jugando alegremente a las casitas.

Así que cuando el sábado por la mañana, demasiado temprano como para ser consciente de nada si tenemos en cuenta que Pili se habia encargado de engañarnos vilmente diciendonos que su cumpleaños terminaria pronto, mi madre se despidió tiernamente de mi diciendo no recuerdo muy bien el qué porque estaba en coma (nota: mi madre se empeña en darme mil instrucciones cuando estoy dormida, he llegado a pensar que es una excusa como otra cualquiera para discutir cuando ella vuelve y ve que sus instrucciones sólo las ha escuchado la gata...todo sería mas fácil si después de tantos años todos entendieramos que si una persona está en coma lo más práctico es dejar una nota. Lo sigue haciendo porque disfruta con ello por algún motivo morboso que desconozco)lo único que pensé fué en lo divertido que me parecía repentinamente poner la lavadora.

Aunque es cierto que lo de jugar a las casitas comienza a tener su rutina particular, esa rutina no me cansa, imagino que en parte es porque mis bondadosos caseros cada vez se resisten más a abandonar su hogar y por las enormes ganas que tengo de dejar de tener bondadosos caseros. La rutina es tan típica que puede considerarse patética pero que algo tan simple me haga tan féliz me parece estupendo: hilo musical constante, labores domésticas decididas libremente, sofá y mando, y lo mejor, una constante y absoluta soledad que sólo comparto con mi minina (bueno, y con Lau que decide presentarse a tomar un café porque, oye, al fin y al cabo mi casa es la suya así que...).

Vale, es verdad que en lo de las labores domésticas no es que sea una crack, digamos que la ley del mínimo esfuerzo no serviría si se aplicase diariamente para el fin de mis dias. El caso es que yo ayer andaba muy contenta porque me había hecho arroz a la pimienta y había llevado a cabo un par de labores domésticas que me habían dejado más que satisfecha. Claro que siempre hay alguien que está especialmente interesado en aprender nuevas recetas de cocina y tu te ves obligada a comentar que es muy sencillo, cueces el arroz, abres un sobre de los de "salsas preparadas" y cuando el arroz está cocido se lo echas por encima. Y luego te miran raro, a saber.

Lo de tender también está bien, cuando me acuerdo de tender, claro. De "destender" me suelo acordar por esas cosas que te obligan tarde o temprano a salir de tu casa y vestirte, y si tienes, para variar, medio armario tendido pues ya que te pones tienes que "destender" sobre todo porque incomprensiblemente lo que me quiero poner siempre está al final de la cuerda así qeu ya puestos....

Pero tender... no se trata de que no me guste, porque me da igual, se trata de que no lo recuerdo, puedo buscar unos vaqueros por toda la casa y volverme loca antes de plantearme que los vaqueros sigan pacientemente en la lavadora esperando a que alguien les ayude a secarse. Eso, por supuesto, te obliga a planchar porque por esas cosillas ilógicas que tienen los tejidos resulta que si la ropa pasa más de 24 horas en la lavadora, cuando la sacas no parece la misma ropa e incluso corres el riesgo que la talla y la forma inicial no vuelvan a recuperarse ( sobre lo que le pasa al color de la ropa cada vez que me quedo sola, prefiero no hablar, sigo con cursillos maternos intensivos sobre qué es ropa de color y qué no).

En fin, que he de reconocer que fines de semana como estos te proporcionan una calidad inexplicable: fiestas de cumpleaños surrealistas que terminan a altas horas de la madrugada, cierta soledad amenizada con constante hilo musical únicamente interrumpido por los momentos del sofá y el mando a distancia y las visitas de Lau a tomar café para marujear y despellejar (pero sin mala intención, eh?) y rematar el sábado con cenas improvisadas y desplazamientos a pueblos perdidos para descubrir que las buhardillas son igual de impresionantes como las imaginabas y que nunca es un mal plan ir a reirte con tus amigos (por muy cabrones que sean XD).


Sólo salgo para renovar la necesidad de estar solo.
Lord Byron (1788-1824) Poeta británico

10 comentarios:

Inés dijo...

Dios mio............., ¡¡¡cuánto esfuerzo desperdiciado contigo!!!!!!

Besitos

*V* dijo...

Sip, pero aprendí a hacer cola cao divinamente....
La cosa sería diferente si te hubiese visto tender en algún momento de tu vida XD
Besos churry!

david dijo...

Si es que mucho progresismo y mucho parloteo sesudo y luego a la que se te presenta la ocasión te lías un trapo a la cabeza y te conviertes en ama de casa. Endevé...

Alf dijo...

Apuesto que incluso has comido acelgas

Pipilota dijo...

dí que sí Vero... no todo el mundo sabe preparar un cola cao como es debido... lo demás, buah es imperpendicular e inverosímil ;P

fer dijo...

tienes unos amigos cabrones?
que majos, no?

como va tu narcolepsia?

*V* dijo...

¿has visto deivid? si es que me sale la vena marujil por menos de ná!
Hmm..no, Al, las acelgas me da a mi que ni de coña, pero eso si, me estoy poniendo ciega a arroz...
jajaja..oye pipich, años de explotación me ha costado a mi perfeccionar la técnica del cola cao eh?y tu lo has dicho, donde esté un buen cola cao (o café en su defecto) que se quiten las acelgas!
Fernando, amor, no tengo narcolepsia, es que me agotais que es diferente..claro, me obligais (vosotros, mis amigos los cabrones) a noches surrealistas....

Vengeanze dijo...

De verdad!!!, que malos que somo que la hacemos divertirse y bailotear hasta tempranas horas de la madrugada...

Pues nada, en semana santa nos ocuparemos de que a las 22H. Estes metida en la camita para que duermas bien y estes descansada.

david dijo...

¿Bailoqué?

*V* dijo...

Bailotear, el niño graciosillo ha dicho bailotear aunque... en fin, a mi me da que fue marujear pero bueno...XD
Mira, me da a mi que aunque quisiera no podría acostarme a las 22 horas, tengo cambiado el sueño, que le voy a hacer!