miércoles, julio 13, 2016

Verano

Primeras notas sobre el verano en un pueblo de Castilla la fea (Quién nos mandará...)


- Aunque meteorólogos de todo el planeta digan que las máximas serán de 35 grados aquí la sensación térmica será siempre de un grado más que en Mordor. A las moscas les gusta esto.
- Las moscas castellanas son expertas en molestar a pequeñas personas y en desquiciar a madres primerizas al borde de la locura (lo digo por otras no por mi).
- La que fuera guay cuando teníamos 15 también tiene una pequeña persona. Coincidimos en una terraza de un bar. Ella es un anuncio de maternidad viviente, no parece haber parido y su criatura está preparada en todo momento para un book de Dodot. Retuercepezones y yo eramos más como la foto "esto es lo que realmente está pasando". Mis moños nunca serán cools, no hay vestido que no me haga parecer un botijo y sinceramente, no recuerdo si estoy depilada, al menos correctamente. Retuercepezones ha heredado claramente mis peletes de residente de sanatorio mental, le gusta ponerse a llorar y gritar estilo descuartizamiento en el momento en el que me pido una Coca-cola y, para dar más énfasis a su evidente cabreo, se levanta la blusita para enseñar lorza y, el pantalón tipo braga que le he puesto con la ilusión de tapar el pañal que se descoloca en cinco segundos, ha terminado arrugado en sus patitas. Retuercepezones es bastante vehemente a la hora de mostrar su disconformidad con todo, sea lo que sea ese todo que sólo comprende ella. Concluimos que hay gente que está dotada para ser guay y no somos nosotras.
-  Por supuesto Retuercepezones decidió que cuanto antes saque la teta en mitad de la plaza mejor, así que ya nos hemos inaugurado, al lado de la mamá guay para que haya más contraste aun.
- Las señoras de los pueblos son una especie que merecería un estudio en profundidad en torno a su comportamiento con los bebés. La emoción de una nueva vida las lleva a realizar una serie de rápidos movimientos corporales para arrebatarte a la pequeña persona, subirla y bajarla sin control con rápidos movimientos como si fueran a lanzarla por los aires, estirar los mofletes tras haberla sacudido como una batidora y luego realizar comentarios dirigidos a la madre (o al universo, quién sabe) del tipo: "qué gorditas estáis la dos", "¿y el chupete?" o, el más práctico sin duda "deberías tener bebé por si este se muere". Reflexiones posteriores (y tras pensamientos oscuros que incluye imaginar como sacudes tu a la señora en cuestión que habitualmente ni te conoce) me llevan a concluir que, en planeta señora es probable que vean necesario ayudar a bebés desconocidos a estirar sus musculitos y que crean que comentarios sobre el físico de la madre o el estado del bebé son positivos, a saber por qué. La obsesión generalizada por el chupete también merece otro estudio.
- Igualmente las señoras de los pueblos se presentan en tu casa como si hubieran tenido alguna relación contigo en algún momento de tu vida. Afortunadamente te explican la relación que hubo entre su bisabuelo y el tuyo lo que, por lo visto, justifica que te puedas presentar en casa de cualquiera a echar la tarde y a estrujar bebés. Estoy repasando las relaciones familiares para asegurarme meriendas en todas las casas posibles. Retuercepezones no está muy conforme con este pero le he explicado que es esencial para un futuro estudio de algo.
- La maternidad hace que desarrolles una paulatina psicosis con el entorno. Lo que antes era un pintoresco pueblo con flora y fauna ahora es un recóndito lugar con peligrosos bichos come bebés tales como mósquitos, arañas y hormigas.
- Desde Madrid mi imagen de las vacaciones rurales incluía a un bebe tranquilo y rosado por el aire del pueblo que es muy bueno (mi madre diciendo eso durante toda su vida) y yendo a la piscina como si fuera una mamá cool que se prepara para un reportaje del Hola. Por el momento nos mojamos en una piscina de plástico en el huerto y Retuercepezones tiene bastantes cosas que decir en contra de todo a lo largo del día. Probablemente la guay de los 15 está en la piscina con su bebé Dodot disfrutando de la vida tipo Hola.




miércoles, junio 15, 2016

Canciones para (no) dormir

Lista de canciones en las que se ha comprobado que aunque calman y entretienen a la cría (también conocida como retuercepezones), no provocan sueño:

- El bichito del amor, El fary: Provoca leves sonrisas
- Mami que será lo que tiene el negro, Autor desconocido: Indiferencia absoluta.
- Bailando salsa, Mecano: Ojos muy abiertos.
- Aire, Mecano: Bostezo.
- Y sin embargo, te quiero. Versión coplera: Mira fijamente y mueve cejitas. No se acerca a la somnolencia.
- Hola Don Pepito, hola Don José, Miliki: Se ríe.
- Intro de Marco (los dibus, el de "al pie de las montañas"): Llora. Descartar canción.
- Sopa de caracol (guata negui consu), coreografía incluida: Se asusta.
- Dodotis, dodotis (ni siquiera se si existe realmente o la he inventado): Se ríe.
- Himnos futbolísticos (los 3 más conocidos, claro): Se muerde el puñito.
- La loba, Marifé de Triana: Ojos muy abiertos.
- Saltando sin parar, ¿King África?: Se ríe.
- Pastillas para no dormir, Sabina: Se despista mirando la planta.
- Soy una taza, una tetera, autor desconocido: Descojone.
- Lo que necesitas es amor, del programa aquel del Sr. Puente:  Bostezo.

Canciones confirmadas que la dejan sopa:
- Duérmete, duérmete. Autor desconocido pero un genio en bebés.

viernes, junio 03, 2016

Maternidad II (Entre el cielo y el suelo)

Primeras notas de trabajo de campo. Luchando contra el "cuando seas madre me lo dices".
- ¿Pero esto qué es?
- Confirmado, no ha nada divino en la maternidad salvo que exista el milagro de dormir ocho horas. Aun no ha ocurrido. Realidad 1- milagros 0.
- Entrar en el club de madres no es tan fácil como creía, aunque algunos miembros son transigentes y te ayudan con las normas básicas, los hay que te tratan como "la nueva" y usan las tácticas ya conocidas por otros grupos cómo la banalización de tus quejas, la condescendencia, la indiferencia o la queja sobre tu nueva condición. Hay madres malas, pero malas de mala leche. No es lo mismo malas madres que madres malas.
- Es difícil abandonar el grupo de origen. Los miembros de siempre intentan aceptar a un nuevo participante pero es complicado si el nuevo miembro no toma cañas ni tiene una conversación medio decente. El grupo de origen lo intenta pero el nuevo miembro a veces tiene malas pulgas y berrea como si lo estuvieran descuartizando. Aun así el grupo de origen es más bueno que las madres malas.
- El embarazo supone una autorización implícita para que todo el planeta te toquetee. Es curioso que gente que no conoces de nada te sobetee la tripa en  sitios como el mercado. A más tripa más tocamiento. No les importa quien eres, ni tu nombre, ni nada, sólo quieren a tu cría. Eso provoca los primeros pensamientos psicóticos sobre los "robabebes".
- Confirmado: no hay brillo especial en la embarazada. Ni en los ojos ni en nada salvo que la grasa hormonal se te haya acumulado en la barbilla o en el pelo, entonces si brillas, como el lucero del alba. Y nada de cremitas porque todo es tóxico para la embarazada salvo la cría que es, precisamente, la que te provoca vómitos constantes y mareos durante nueve meses.
- No es el mejor momento de la vida de una mujer, no lo es, digan lo que digan. Mi mejor momento no es engordar 20 kilos, vomitar, no poder moverme bien, no dormir boca abajo y que todo termine como la matanza de Texas. Mira, no, he tenido momentos mejores en mi vida.
- No tengo foto cuqui de embarazada. No soy guay.
- Lo del parto natural. Espera que me parto de la risa. Las matronas tienen una especial obsesión con la lactancia y el parto natural. Hay matronas de veinte años sin hijos que te dicen que le des la teta de por vida y que no seas egoísta y no te pongas la epidural. Mi opinión al respecto es : y una mierda. La lactancia, pues vale. La epidural es el mejor invento del ser humano después del pan. Y quien quiera sufrir que sufra.
- Parir en casa descartado. Parir da fiebre, cosa que no se dice. No a todas, no siempre, pero da fiebre antes y después, eso no es bueno para la madre ni para la cría. Además duele, es obvio pero indescriptible y yo cuando algo duele quiero todo un equipo médico a mi vera.
- Es difícil saber qué protocolo seguir con la teta. Donde sacarla y donde no. Es complicado sacar la teta discretamente cuando tu teta mide más que tu.
- La teta es barata y cómoda pero es un tostón ¿Puede ser cómoda y un tostón? pues sí, es cómoda si vas a pasar tu vida dedicada al nuevo pequeño ser, un tostón si quieres moverte sin el pequeño ser dependiente.
- Digo frases que decía mi madre, algunas, el efecto "me convierto en mi madre" está comenzando. Incluso digo frases de abuela aunque el pequeño ser no me entiende. Yo fui alguien medio joven.
Hay más, mucho más, pero es que ahora estoy mirando al pequeño nuevo ser. Da grititos, se frota el ojo con el puñito cerrado, se lo muerde con esas encías retuerce pezones que tienen más fuerza de lo que parece y se ríe cuando miro. Y yo ya muero de amor. Y así se me olvida lo demás. Serán las hormonas, no sé, pero más no puedo querer.
Seguiré investigando.

miércoles, diciembre 30, 2015

Mudanzas


El 2016 me cuenta, antes de conocernos, que me va a traer mucho, más de lo que imagino, pero que (quién sabe si por compensación) puede que también decida llevarse más de lo que pensé cuando, hace ya un año, el 2015 llegó para poner mi vida del revés. 
Algo, claro, me había me comentado el 2015 (bajito, susurrando) para que me fuese haciendo a la idea de que el 2016 vendría pidiendo, pero enseguida cambiaba de tema y me contaba (a gritos, celebrando) todos los planes que teníamos que hacer, todos esos que ya no son por mí.
Me dice, el nuevo año, que no, que puede que no, que ya se verá, pero que lo piense, todo eso de tener y perder, para que me vaya haciendo a la idea de que el equilibrio es una milonga y no siempre vamos a poder saber que punto es el mejor. Me habla (bajito, todavía, susurrando para no asustar) de Amor, en mayúsculas, y claro, la introducción al amor ya nos la sabemos así que, si esto va a ser un Master, habrá que saber que el Amor algo tiene en sus huesos de alegría, miedo y dolor. 
Que no me asuste, me dice, no es más que una mudanza. Mira atrás, mira, todas esas cosas que has ido perdiendo todos estos años. ¡Oh, claro! unas se echan más de menos que otras, cierto, había tanta música donde ahora hay tanto ruido. Pero mira, fíjate ¿ese montón de piedras? pues bien, ahora es una pared. A él, me cuenta, puede que le toque llevarse cosas más grandes que esos otros años (más pequeños, más cobardes) pero pondrá, cree, un muro de carga de los que aguantan, de los de verdad. Y que sea bonito, le digo yo que no tengo muy claro de qué estamos hablando pero que, a ratos, suena todo demasiado grande.
A mi, que me quedaría en un rincón acurrucada viendo como el 2015 hace las maletas mientras que el 2016 se instala (a sus anchas, tirando tabiques, midiendo los muros), no puedo hacer otra cosa que sonreír  por ese ritmo que ya no es el mío y que me marca nuevos planes en cada latido.

jueves, noviembre 12, 2015

El molar es un lugar


Todos hemos querido molar siempre, mucho y muy fuerte, es así desde los tiempos de las cavernas en donde el más molón era el que pintaba su mano más grande y más cerca de los dibus de cervatillos (o lo que fuera aquello). Porque sí, porque tenían pintura, porque inventaron pintura, porque les dejaron el hueco (o se hicieron con él) y porque no tenían sentido del ridículo alguno. Claro que la gloria no siempre fue para el más molón o el que más intentó o creía molar, los habría que intentaban pintar su mano y aquello salía en plan “pero tío ¿qué es eso?” Puede que ya entonces el artista incomprendido, o el líder frustrado, se justificara diciendo que no entendían el mensaje (el acusar de bobo al de al lado es una táctica que no falla desde el comienzo de los tiempos) o que en realidad era una crítica a la moda imperante de dibujar manos en negativo actitud que denotaba, claramente, un sentimiento de superioridad carente de base. Con lo que fácil que es decir “ni idea, tío, es que yo quería molar”.
Lo que tiene el siglo XXI (y el XX si nos ponemos, que es lo que conozco, no por otra cosa) es que nos creemos los inventores de todo. Nos creímos guays con nuestros one touch easy (amarillo el mío) y esos mensajes de texto con letras tan grandes como el precio. Cuando nos dejaron enviar mensajes en color (¡y con fotos!) aquello fue el no va más, y ahora que podemos convertirnos en stars de las redes si conseguimos unos cuantos favs and loves (aunque sea de nuestra vecina y nuestra tía abuela la del pueblo) no tendremos nada que envidiarle al creativo molón de la mano de Altamira.
Y lo digo yo, desde un blog, para rizar el rizo de la paradoja.
“Sí, sí, es verdad, hay gente así pero yo no”. Mentira. Todos queremos molar porque es guay, es lo que aprendimos en el patio del colegio porque es lo que generaciones y generaciones de humanos frustrados nos han transmitido y que, la verdad, no es una cosa que sea para tanto. Esta es otra paradoja porque nuestra generación también es la que intenta molar diciendo que no es una persona molona, somos animales sociales que se esfuerzan en negar que somos sociales con la única finalidad de molar más aun para ser más sociales. No sé si me explico, pero da igual. El caso es que nos gusta molar incluso cuando no somos conscientes de estar molando. Y es que molar es ese lugar en el que nos sentimos más poderosos que nunca, es nuestra meta.
¿A quién no le gustan las palmaditas en la espalda? ¿El sentirse el que elegía a su equipo cuando jugábamos al rescate? ¿No hemos soñado nunca con saber que se sentiría siendo la del pelo chachi con sonrisa profident que además (la muy perra) era lista y simpática? ¿El guay y la guay que parecía que lo tenían todo? Queríamos cosas y no en plan “Carrie” con carilla de perrete abandonado que termina machacando a todo el vecindario.  Nuestra generación se limitó a asumir que existían gentes claramente superiores, a las que nos limitábamos a despellejar en nuestros círculos más íntimos (o no tan íntimos pero bueno) hasta que llegó Internet. En las redes sociales todos somos Carrie yendo al baile con el chico del pelazo y el rol que adoptemos nuestra forma de vengarnos del personal. Y por mi vale (aunque hay que decir que la venganza de Carrie fue más rápida y digestiva que muchos roles de Internet) porque cuando nos sentimos superiores nos sentimos seguros de nosotros mismos y liberamos endorfinas que nos proporcionan un estado físico y mental cojonudo.


Es fácil que Internet sea nuestro camello de endorfinas, con nuestro rol podemos hacer lo que nos salga de las narices, cómo si consideramos que queremos ser una ancianita facha que vive en la España profunda y solo lee “La Razón”. Las redes nos solo nos liberan de nuestra carcasa física, nos permiten ser juez y jurado de una realidad que sólo pide como referencia lo que te hayas inventado. Por supuesto no es anarcolandia, hay normas (donde hay humanos hay normas de comportamiento) para molar, ahora bien, volvemos a la mano de Altamira, hay quien sabe molar y quien no, por mucho que se lo crea. 

miércoles, octubre 07, 2015

En blanco

Así estoy.




















Nunca dejará de sorprenderme ese estado catatónico en el que te (me) deja la saturación emocional.

martes, agosto 04, 2015

Derecho a réplica

El otro día en Jotdown se publicó un artículo que hablaba sobre cantautores en el que se opinaba sobre Ismael Serrano, entre otros. A los pocos días, en Twitter, Ismael Serrano publicó un enlace con, lo que el mismo llamó, su derecho a réplica. Eso resumido muy resumido porque no es el tema, para mí el tema es ese, el derecho a réplica, que no es un derecho como tal si no la herramienta necesaria que nos permite defender los que sí son derechos básicos y universales como el honor, la dignidad, la intimidad y esas cosillas que en nuestro día a día les damos la misma importancia que echar de comer a los patos.
Esto, claro, nos suena a folclóricas televisivas y artistas indignados pero en realidad es tan esencial que sin darnos cuenta, desde pequeños hacemos uso de él (cuando podemos, cuando nos dejan) porque es el abogado de oficio del pan nuestro de cada día. 
Cómo además lo aprendemos desde pequeños es lo que estamos habituados para joder a los demás y, claro, para que nos jodan (así, hablando mal y pronto que para que pensarlo más). 
Yo, que he crecido en manada, aprendí eso de la réplica de la peor de las formas posibles (o la mejor, según se mire) que fue siendo convocada por mamá en su modo menos tierno para concretar los detalles sobre por qué hermana (la que fuera) y yo nos estábamos liando a leches. 
Ha empezado ella que le ha quitado la cabeza a la muñeca. Mentira y gorda que tu primero le has cortado el pelo a la NancyMINANCY. Porque tu has cogido mi piny y le has puesto el pelo azul de chico y es una chica. ¡Una eme! no es chica que lleva pantalones y es amarillo además tu has dicho que mi Nancy era fea. Yo no he dicho eso nunca jamás porque Nancy es más guapa que tu. ¿Lo ves mamá?
Y así podía durar eternamente hasta que mamá optaba por el modo Herodes y decidía que lo mejor para eso era aplicar sanciones ejemplares: haced las paces e iros a jugar juntas y no os quiero oír ni rechistar. 
Derecho a réplica, imparcialidad, convivencia. Y sin darnos cuenta. 
Habría más formas pero al final la base era la misma, según yo, que no era otra cosa que crear la utopía de enseñarnos a convivir en un mundo en el que respetásemos la réplica, diéramos opción a ella de la misma forma que nosotros teníamos derecho a ejercerla y encontráramos un solución que favoreciera la convivencia, ya no por nosotros (ego meum) sino por el grupo. Esa, claro, ha sido mi conclusión años después (en su momento mama era injusta y tenía claramente hijas asesinasdepinys favoritas).
Pero nosotros, bichos descerebrados que somos, crecimos y convertimos la herramienta en arma. Negando la réplica al de enfrente aprendimos a conseguir las cosas de forma fácil, injusta sí, pero más sencilla que teniendo que demostrar que tenemos más razón que el de enfrente. Así, si nos enfadábamos con Manolita, evitábamos que Manolita (la pobre, que quizás no había hecho nada, o la muy bruja que nos había robado el bocata en el patio, nunca se sabrá...) contara su versión y nos convertíamos en ganadores indiscutibles de nuestra propia película. Lo aprendimos porque sabíamos que, como había hecho mamá, el juez y jurado que nos tocase podría fallar en nuestra contra o, peor, ser justo y hacernos ver que el 100% de razón sobre algo no la tiene nadie. 
Por supuesto crecer también nos convirtió en Manolitas, protagonistas de una situación en donde nadie te va  a preguntar si realmente le has robado el bocata a Pepita o si lo cogiste sólo para quitarle un pelo que habías visto en el chopped, aunque si te lo preguntaran quizás tampoco reconocerías que al intentar salvarla del pelo asesino empezaste a comer el bocata sin querer. 
Crecer quizás es pelear para que en posibles juicios sociales salgas lo peor parado posible. 
O también puede ser, que sé yo, darte cuenta de que has aprendido que, en caso necesario, puedes intentar enseñar aquello de la réplica, la justicia y la convivencia.