viernes, junio 30, 2017

Te quiero mucho...

Había un sillón de orejas en el comedor. De piel o cuero o plástico bonito, con flecos rojos en los bajos y un remiendo en el brazo derecho,el lado por el que podía trepar hasta quedar entre el respaldo, decorado con botones que hacían formas raras que en mi cabeza eran flores, y su espalda. La espalda mas grande del mundo. La más fuerte. Recta. Con pecas "de la mili, hija. Del sol y la nieve de Elizondo". yo no entendía, daba igual. Contaba las pecas, jugaba a unirlas hasta llegar al cuello, más moreno, con el pelo rizado siempre corto "¿cómo lo ves? ¿lo tengo largo?". Era cómo escalar una montaña, siempre más grande que yo, más fuerte. Caer, desde los hombros hasta sus brazos. Yo tan pequeña, él tan grande. Cosquillas y "te quiero mucho, como la trucha al trucho". Frases tontas que duelen con los años.
Come. Abrígate que hace frío. No hagas eso. Ten cuidado. Lo primero son los estudios. A ver con quien vas. A ver a qué hora vuelves. Anda que llamas ¿Cómo estás, hija?
Una espalda blanca, blanquisima, encorvada, pequeña. Todo huesos que se clavan. Todo se clava. Las pecas de Elizondo se han convertido en manchas marrones y han aparecido lunares nuevos, sin avisar y sin denominación de origen,que les quitan todo el protagonismo. Carne, piel y hueso y mucho peso. Ahora todo pesa más. Ya no hay sillón de orejas, hay silla de ruedas, un esqueleto de hierros que no da calor ni dibuja nada. Ya no hay montaña, ya no hay brazos que frenan la caída. Yo tan grande, él tan pequeño.
Qué es mejor, qué es peor. Yo opino que. Yo si, yo no. Buscar el equilibrio, reencontrar lugares comunes. Asumir que lo mejor no se va a recuperar, lo mejor de nosotros se lo ha comido el tiempo y nos ha escupido esto. Madurar es, quizás, saber que no has madurado. Madurar será, quizás, aprender a decir adios a lo que fuimos.
Ten cuidado. Come. Nos hagas eso. Anda que llamas ¿cómo estás,papá?

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