viernes, febrero 03, 2017

Madres

Se habla mucho de maternidad últimamente. Yo sí, es mi novedad, igual que en su momento hablaba de bares o de asignaturas o de proyectos o de naderías, ahora es lo que me toca, es mi rutina y no me importa. Que no me importe no quiere decir que considere que es el mejor estado de la mujer (o del hombre), ni el peor, es simplemente mi actualidad. Podría hablar de mil cosas, pero no es lo que me apetece.
Me llamó la atención ya hace tiempo con la que se montó con Orna Donath, me resultó un poco absurda una polémica sobre un estudio que se hace sobre las mujeres en Israel. No digo que en España no haya arrepentimientos, digo que el estudio de Orna es de Israel, con su contexto y su historia. Extrapolarlo es lo que me parece absurdo porque nosotras, españolitas, no hemos pasado por esa presión social ni en nuestras mejores pesadillas. Yo entiendo que tenemos ganas de decir "eso a mi tambien me pasa" pero con esta mujer lo viral se nos fue de las manos porque de repente ya el contexto ni mencionarlo y a la Historia que la den, cosa que es esencial en un estudio social porque, normalmente, los estudios no se hacen para tener "me gustas" en Facebook sino para cambiar algo y, en determinadas zonas, hay mucho por cambiar. Pero que nada nos joda una buena publicación en las redes.
Ahora se ha liado parda con Samantha Villar. Y yo me pregunto ¿somos la generación que acaba de descubrir la maternidad o qué? ¿Cuando nuestras madres decían "cualquier día cojo la maleta y me voy" pensábamos que se referían a que, aunque vomitaran unicornios, querían pasear? A mi lo de Samantha Villar (y mira que me cae bien y que entiendo a lo que se refiere) me suena a aprovechar la polémica de Orna para vender. Y es que lo leo y me sigue pareciendo todo absurdo, quizá porque lo más normal que he leído en relación al tema es esto y tiene pelotas que tengamos que escribir cosas tan evidentes a estas alturas.
Que la maternidad en rosa es un invento es algo que se creó hace más de un siglo, cuando las mujeres empezaron a controlar (de la forma que sea) la natalidad (porque los hombres no estaban por la labor) y, en cierto punto demográfico, se llegó a la conclusión de que o se pintaban las cosas bonitas o la población se iba a la mierda y con ella los impuestos. En los últimos años, con las redes sociales que nos quitan el tiempo, parece que la cosa vuelve a estar de moda ¿a quien no le gusta una foto de su bebé haciendo monerías como si no hubiera tenido cólicos jamás y vomitara arco iris? yo soy muy adicta a cotillear las fotos de las mamás instagramers (o como se llamen) que parece que levitan y te hacen pensar que todo es cojonudo. Pero es que también veo Anatomía de Grey y no creo que las relaciones sean eso, entendamonos, a ver si ahora (con canas en todas partes) vamos a tener que explicarnos que una cosa es el entretenimiento y otra la realidad.
Puede que el tener una familia grande en donde ya he sufrido a bebés sobrinos y bebés primos ha hecho que el postparto no fuera un infierno como para cortarme las venas. Es duro, sí, pero para mi (para mí, para mí y para mí) fue peor el embarazo. Igual que tampoco consideré la selectividad como el momento más estresante de mi vida que iba a marcar un antes y un después y blablabla. Cada uno interpretamos las situaciones de una forma pero deberíamos (todos) ser lo suficientemente objetivos para detectar cuales son los problemas reales de la sociedad en la que vivimos en relación a determinados temas. En mi opinión, en España, el problema no es si quieres ser madre o no. O si eres madre o no. Sí, hay presión, sí, quieres matar a la gente por su opinión, pero la presión no es tal como para que te marginen socialmente. Sin embargo, vivimos en una sociedad en la que la madre es un factor fundamental a todos los niveles pero, en cambio, del padre no se habla. Nosotras, madres, parecemos todas la virgen María, se habla de nosotras como si hubiéramos concebido por ósmosis y como si criáramos en soledad. Ellos están, existen y también lo pasan mal. Quizás no físicamente pero tienen el handicap de no poder quejarse porque parece que sus molestias son chorradas en comparación a las nuestras. Es lo físico contra lo psiquico, lo visual contra lo abstracto. Nosotras padecemos, sobre todo, físicamente, pero lo psicológico está en ambos con la salvedad de que a nosotras se nos permite despotricar (hasta publicar y ganar pasta) sobre el tema pero a ellos no.
Yo seguiré quejándome ( o no) de lo mío, por supuesto, pero porque, ya digo, es lo que me toca.

2 comentarios:

Aroa Moreno dijo...

¡ELLOS NO TIENEN HORMONAS LOCAS!

(je)





Anónimo dijo...

Cierto...si pienso en el sufrimiento hormonal no me dan pena xD